viernes, 2 de septiembre de 2011

LA ALEGRÍA DE LA SANGRE

Por José del Moral.


Cuando la Sangre cae, las Banderas se levantan.





Es alegría la sangre cuando se cae. El luto es un absurdo. La tristeza es pecado cuando es perenne. Por eso, la de Cristo  - Dios Impoluto- fué transitoria. "Hasta la muerte".

Pero más allá. Y fué por su perfección, base de nuestra alegría.

Cuando la Sangre cae, las Banderas se levantan.

Hay que amar intensamente la química alegre de la sangre. De la Sangre en sentido parabólico.  De la Sangre que es canto de Juventud en el camino largo de las luchas perpetuas.



El Sinarquismo no es sangriento ni es sanguinario. La Sangre, para nosotros, es un sacramento cívico. El símbolo de la alegría creadora.

Pero el símboilo tiene su más alta expresión en las juventudes de sangre bravía, de sangre altiva, de sangre bullidora. De inquieta sangre limpia.

Los músculos pueden permanecer inactivos. Las células pueden morir en los tejidos, órganos humanos pueden petrificarse siquiera sea unos minutos, sin que ésto sea la muerte.  La Sangre, empero, es un correr inextinguible. Y cuando ese correr se apaga un solo instante, la vida se corta, como en un tajo.  Ese es el Símbolo de la Juventud.  Sangre que corre, sin fatiga, todos los caminos del cuerpo y los caminos todos de la vida.  Sangre que es Fé y Testimonio vital.  Sangre que es esperanza de horizonte a horizonte.

Los jóvenes sinarquistas van a reunirse muy pronto en su Consejo. Será sin duda, el buen consejo de nuestro Signo vivo: la Juventud como  lucha pacífica.
La juventud como paz luchadora.
Sangre en fin, que se luce como azucenas a la hora puntual de las desiciones infinitas.

Los jóvenes en ese Consejo, pondrán su sangre - gloriosa sangre milagrosa- en contacto con México.
Una comunión íntima  - porque hay comuniones que son mentira-  de la Esperanza y de la Realidad.  Los horizontes, maduros de amanecer anudarán geometrías imposibles  y el paisaje espiritual de un México Nuevo renovado será trazado sobre el agua clara de la fé.

Discutirán los jóvenes.
Definirán y disertarán los jóvenes.

Aquí no hay "filosofías" ni estudios de "especuladores teóricos". Tendremos líneas tendidas, lágrimas iluminadas, actos de fé y de trabajo y un gran aliento de los destinos providenciales de México.

Sobre el panorama muerto, podrido, de la juventud actual, enloquecida de fiebres globalizadoras, amordazada de principios y narcotizada de brutalidades, nuestros jóvenes  - banderas primigenias - dirán con sencillez su su verdad lineal, voluntariosa, firme, sin mácula.

Cuando llegan a México, de todos los caminos, los jóvenes sinarquistas de todas las latitudes para reunirse a dialogar con la Patria, la emoción se atormenta, alegremente en las canas maduras que los ven pasando.  Y se ve surgir, en toda su verdad: SOMOS Y HACEMOS HISTORIA, No un episodio.

Y sentimos que otra vez, como en otros días, la alegría de la sangre que nos regresa y nos lleva de la mano, a ese lugar de Guanajuato, donde saltó la primer sangre-semilla de José Antonio Urquiza.

Este es el sentido pues de la Sangre, Nuestra Sangre.

Profundo símbolo del Espíritu que se renueva en el sacrificio y materia que se sublima en el fuego inmortal de la sabiduría ancestral.