sábado, 10 de septiembre de 2011

LA NATURALEZA DEL HOMBRE


La experiencia individual es tan compleja y contradictoria que no se puede explicar.
Para estudiar al hombre hay que hacerlo a través de su vida política y social y desarrollar una teoría del Estado, porque en la naturaleza del Estado se encuentra inscripta la naturaleza del hombre.
Sin embargo, el Estado es un sistema de organización social tardío en el proceso de civilización y no es todo, porque no puede expresar todas las demás actividades del hombre, y antes del Estado hubo otras formas de orden social que están contenidas en el leguaje, el mito, la religión y el arte.
En la filosofía moderna, Comte fue uno de los primeros en formular en forma clara y sistemática este problema.
Para Comte, el método de la filosofía para estudiar al hombre tiene que subjetivo pero no individual, porque quien se desea conocer es el sujeto universal y no la conciencia individual.
Comte dice que para conocerse a uno mismo hay que conocer la historia.
Los fenómenos sociales están sometidos a las mismas leyes que los fenómenos físicos, pero son diferentes y más complejos; y además no se pueden explicar en términos físicos, químicos o biológicos.
En los fenómenos sociales actúan las leyes fisiológicas del individuo además de la influencia mutua que se producen los individuos entre si.
Algunos de los defensores de las teorías naturalistas sostienen que lo que denominamos comportamiento inteligente no es una cualidad exclusivamente humana, sino un juego más complejo del mismo mecanismo que tienen los demás animales.
Por lo tanto, desde esta perspectiva, la diferencia entre inteligencia e instinto es más bien una diferencia de grado que de cualidad.
Sin embargo, las palabras inteligencia e instinto exigen una redefinición.
La filosofía de las formas simbólicas supone que una definición del hombre debería ser funcional y no sustancial, porque la característica sobresaliente del hombre es su obra.
Lo que define a la humanidad es el sistema de actividades humanas; y el lenguaje, el mito, la religión, el arte, la ciencia y la historia; constituyen otros de los sectores que nos permiten obtener la estructura fundamental de estas actividades, para entenderlas como un todo.
Es necesario buscar la función básica de cada una de estas manifestaciones, más allá de sus innumerables formas y reducirlas a un origen común.
Lo que se necesita encontrar es el rasgo sobresaliente, el carácter universal en el cual armonicen todas.
De la enorme multiplicidad y diversidad de las representaciones míticas, de los dogmas religiosos, de las distintas formas lingüísticas y de las obras artísticas, la filosofía nos revela la unidad funcional en la que todas se encuentran vinculadas, consideradas ahora como variaciones de un mismo tema que se pueden llegar a entender.
Para realizar esta tarea, no se puede dejar de lado ninguna fuente de información, aunque sean métodos antiguos como por ejemplo, pruebas empíricas, métodos de introspección, observación biológica o investigación histórica, pero viéndolos desde otra perspectiva.
No se puede comprender cómo es el pensamiento mítico primitivo sin tener en cuenta las formas de la sociedad primitiva y con respecto al lenguaje, el mito o la religión, exigen un estudio exhaustivo del desenvolvimiento histórico.
Todas las obras humanas se originan en función a ciertas condiciones históricas y sociales, pero no se podrían comprender si no se pudieran rescatar los principios estructurales en que se basan esas obras.
Para Cassirer, una clave de la naturaleza del hombre es el símbolo, porque el hombre es un animal simbólico.
Fuente: “Antropología Filosófica”, Ernst Cassirer, Fondo de Cultura Económica, 1945