miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL MISTERIO DEL AGUILA Y LA SERPIENTE

Antropologo Guillermo Marín.
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EL Ser Humano esencialmente es un ser "bueno". Su naturaleza es positiva y biófila. En la infancia los seres humanos mostramos de manera natural nuestras posibilidades para construir un mundo razonablemente estable y en armonía.





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El ser humano esta dotado de una gama muy amplia de sentimientos, que van desde los más luminosos y positivos, hasta los más obscuros y negativos. Sin embargo, su "naturaleza" impulsa a resaltar de manera natural los positivos, sin quedar exento de manifestar los negativos.





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Los seres humanos estamos condenados a las leyes universales de la corrupción de la materia y la trascendencia de la energía espiritual. En efecto, estamos dotados de un cuerpo que esta condenado inexorablemente a su corrupción y desintegración. Son las fuerzas gravitatorias de la materia, las que la arrastran al cuerpo humano a su corrupción y desintegración total, para reiniciar otro ciclo y reincorporarse a la Tierra.





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Sin embargo, también se nos ha dado la energía espiritual. Ese misterio divino y sagrado que encierra la existencia humana. El soplo divino que le ha dado conciencia a la materia corruptible, busca desprenderse de ella y romper el limitado perímetro que le contiene y reiniciar su maravilloso regreso al todo generador, Ipalnemohuani "aquel por quien vivimos", Tolque Nahuaque "el que esta aquí y allá al mismo tiempo, el que esta en todas partes al mismo tiempo", Yahuali Ecatl "el que es invisible como el viento e impalpable como la noche".





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Porque si el ser humano tiene una fuerza gravitatoria que condena a su materia a la desintegración, también esta sujeta su energía espiritual a una fuerza que la atrae de regreso a la fuente generadora. El principio de "nuestra" dualidad divina. Ometeotl "la dualidad divina", no solo es un "dios", sino un principio esencial por el que ser rige el Universo.





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La maravilla y el terror de ser un ser humano radica precisamente en la posibilidad de tener "conciencia de ser" y autodeterminación. De poder ser el creador de su propio destino y tener la claridad y la fuerza interna para enfrentar a las poderosas fuerzas del Universo, que luchan en lo profundo de su corazón o ser los suficientemente estúpido para colapsarse en la nada.





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Los seres humanos y los pueblos que alcanzan un grado madurez existencial. Los que han vivido lo suficiente para aprender, no solo a satisfacer sus necesidades básicas elementales de subsistencia material. Sino que han tenido la inteligencia y la profundidad para acercarse al misterio de la vida y sentir y reflexionar sobre la necesidad de trascender el plano material y pensar sobre los inconmensurables misterios de la trascendencia espiritual.





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Las personas y los pueblos que han largo atesorar y sistematizar la sabiduría y la experiencia humana de muchas generaciones a través de su CULTURA, tanto para resolver los problemas que representa los desafíos de mantener en condiciones satisfactorias la vida material, como para explorar las posibilidades de penetrar en los insondables arcanos del manejo de las formas más puras de la energía.





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El desafío y el misterio de la vida, no solo implican la subsidencia material. El ser humano no se le ha concedido la maravillosa oportunidad de estar vivo, solo para trabajar, consumir y poseer. Lo cual por cierto es necesario, pero solo como un medio. El fin supremo es trascender el plano material de nuestra "realidad existencial" y entender con humilde pasión el misterio de la vida.





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La grandeza humana consiste en intuir el misterio de la vida y actuar en consecuencia. El ser humano no solo vino a sobrevivir, sino fundamentalmente a trascender. Tiene que construir, reconstruir, crear y mantener el mundo material. Que resulta básico y fundamental. Pero con la clara certeza de que solo es un medio que le permite a la parte más importante de él, trascender este primer plano básico que llamamos mundo o realidad.





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El ser humano es un copo de energía consciente en un universo infinito de cargas energéticas. No somos absolutamente nada y, sin embargo, se nos ha dado la maravillosa posibilidad de tener conciencia del Todo. La misión divina del ser humano es la misma que una gota en un océano. Es gota y océano al mismo tiempo, qué contradicción tan sublime.





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Como arriba es abajo; como abajo es arriba. Tloque Nahuaque el "señor del cerca y del junto". Los seres humanos formamos parte del Todo y el Todo conforma a los seres humanos. De la misma forma todos los seres humanos que han existido viven en mi y yo en todos ellos. La fuerza del ser humano es la comunidad. El "nosotros" colectivo sobre el "yo" individual.





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"El que se inventa a sí mismo" creo el mundo y el Universo. El mundo es de todos. Todas las cosas que en él existen son de todos. La responsabilidad de mantener y cuidar del mundo es de todos. El mundo material solo es un medio, una parte pequeña del largo camino de regreso a nuestra verdadera casa.





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La propiedad privada atenta contra las leyes universales. Los seres humanos somos parte de la Tierra y la Tierra es parte de los seres humanos. Todos somos parte de Tonatzin "nuestra madre querida". Cultivar a la tierra es amar a Tonatzin. La producción es un don divino. Trabajamos para vivir y tener lo básico-material-necesario para enfrentar el desafío de la conciencia y del estar consciente. Trabamos en el campo material, para tener lo elemental para trabajar el plano espiritual.





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La producción solo para obtener ganancias económicas es una degradación. La energía creativa y física de los seres humanos y los pueblos, no se debe desperdiciar en la producción de objetos materiales que enajenan y embrutecen la vida humana. La comodidad y el placer generados por los objetos y el consumo, alejan al ser humano de la senda espiritual y embrutecen su mente y sus sentidos.





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El intercambio de bienes materiales es una necesidad mínima de los seres humanos y los pueblos que buscan la liberación del espíritu de la materia como parte fundamental de su existencia. El comercio es inmoral porque alienta el abuso, la ganancia ilícita y la apropiación del trabajo del productor. El comercio y la publicidad envilecen y denigran la vida humana. La profesión del comercio es un mal necesario, como la del verdugo y el enterrador.





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El consumismo es un vicio degradante que embrutece, pervierte y desvía a los seres humanos de su fin espiritual. La búsqueda de la felicidad y la trascendencia existencial a través del consumo, ha sido la manera de encadenar a los seres humanos a su autodestrucción y degenerar a los pueblos. El atesoramiento es una degradación y bajeza humana. Propia de los seres con una enorme miseria espiritual.





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La lucha entre las fuerzas oscuras que arrastran a la degradación humana y las fuerzas que exaltan la vida humana. Motores que mueven los destinos de los seres humanos y los pueblos. Los seres humanos y los pueblos que realizan el culto al "becerro de oro" y los seres humanos y los pueblos que intentan trascender su ser material en los más elevados planos espirituales de la vida y del Universo. El día y la noche. Permanentes y constantes como la marea. Lo biófilo y lo necrófilo. Como la vida y la muerte. La vigilia y el sueño.





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Los seres humanos y los pueblos desde los inicios de las más antiguas civilizaciones luchan contra de esta dualidad. La materia y el espíritu, el jaguar y el águila, la noche y el día. Opuestos complementarios que forman el universo. Las antiguas civilizaciones han dejado los más profundos y sólidos cimientos de este milenario desafío humano. Siempre ha sido así. Siempre lo será. Lo maravilloso de la existencia humana es poder tener conciencia de esta verdad y luchar en consecuencia. La grandeza humana deviene de sus debilidades y vulnerabilidad, y por supuesto, de la lucha por superarlas.





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El quetzal es el ave más hermosa en vuelo hacia las alturas. La serpiente es el animal más sabio que se desliza sobre la tierra. Cielo y tierra, espíritu y materia, eterna dualidad divina. El desafío de los seres humanos es lograr el equilibrio entre el quetzal y el coátl que nos conforman, y encarnar este misterio en el ejercicio de la vida cotidiana. El "Quetzalcóatl", símbolo filosófico de la más elevada aspiración humana.





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La vida como la gran oportunidad para purificar y desarrollar nuestra energía espiritual. La vida como la posibilidad de desarrollar el potencial espiritual que se manifiesta en nuestro ser. La vida material como el medio para decantar y enriquecer la conciencia espiritual. El cuerpo como yunque del espíritu. La vida como el campo de batalla del águila y el jaguar. La vida como la maravillosa oportunidad de convertirse en un Guerrero de la Muerte Florecida.





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Los antiguos y sabios toltecas tenían a mujeres y hombres que tomaban el desafío de trascender la vida material. Les llamaban "Guerreros" porque librarían la lucha más cruel y despeinada que un ser humano puede enfrentar. La lucha contra sí mismo. Contra la estupidez, la flojedad y el abandono humano. La lucha en contra de las fuerzas gravitatorias que arrastran a la materia a su degradación.





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A esta lucha le llamaron la -Batalla Florida-, pues tenía simbólicamente como objetivo "hacer florecer el corazón". Las armas de los guerreros eran "flor y canto" entendidas simbólicamente como –belleza y sabiduría-.





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Los misterios del espíritu y del estar consciente no tienen tiempo ni espacio. La sabiduría de Zoroastro, Buda o Quetzalcóatl por alcanzar un elevado desarrollo de la conciencia y la liberación del espíritu de la materia son universales. La sabiduría humana habla el lenguaje del Espíritu. El misterio de la vida és y seguirá siendo el mismo.





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Los seres humanos nos hemos debatido entre la luz y la oscuridad, entre el cielo y la tierra, entre el espíritu y la materia. Y nos seguiremos debatiendo hasta que el mundo sea mundo y hasta que se acabe el Universo, hasta el final del Sexto Sol. Los seres humanos y los pueblos jamás llegaran a la luminosidad o a la oscuridad total, estamos bajo la ley universal del ritmo.





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Somos una gota en este inmenso océano en medio de esta oscura noche, pero al fin una gota. Una pequeña gotita que tiene su tiempo y su espacio. Una maravillosa insignificancia que puede decidir y autodeterminarse. Esa es precisamente la maravilla y la responsabilidad de ser una persona consciente. De florecer nuestro corazón a través de una vida impecable, sobria y honesta.





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O mantenerse confundidos permanentemente; tratando de buscar en el amor a otra persona el verdadero amor que radica en uno mismo, tratando de encontrar el camino en el mundo material y no en el espiritual, tratando de lograr la realización existencial y la felicidad en el ‘tener" y no en el "ser". Aferrados a objetos, personas e ideas, cayendo vertiginosamente en los abismos de la estupidez humana. En medio de la insatisfacción, la desolación y el vacío interior.





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Nada hay nuevo bajo el Sol. Nadie le hace nada a nadie. Cada persona en los más profundo de su ser posee la sabiduría ancestral necesaria. Cada persona tiene que asumir su responsabilidad existencial o meter su cabeza en el hoyo de la aberración material, sabiendo internamente que esta desaprovechando la maravillosa oportunidad de estar vivo.





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Es por ello que Tezcatlipoca "el espejo humeante" se nos revela como "el enemigo interior", la fuerza interna que nos enfrenta ante nuestro propio rostro y que nos empuja a luchar por un "corazón verdadero". El Señor del Espejo Humeante, el estricto maestro de los aprendices a guerreros del espíritu en "la casa de los jóvenes".





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La vida y la muerte. El espíritu y la materia. La conciencia y la inconsciencia. Los seres humanos somos buenos en principio, aunque estamos sujetos a las fuerzas gravitatorias que arrastran a la materia a su corrupción. La lucha no es en contra de la materia, la materia forma parte del par de opuestos complementarios. La lucha es en contra de nuestra estupidez y flojedad.

Los seres humanos no llegamos a ser malos, tan solo estúpidos e irresponsables. Perezosos y cretinos que nos entregamos sin reparo a las pavorosas fuerzas de la nada, que nos enajenan y embrutecen en el fundamentalismo del consumo de un mundo material que, a pesar de todo, solo es un espejismo efímero