sábado, 3 de julio de 2010

MODERNIDAD CONTRA TRADICION

Texto del Antropologo Guillermo Marin.


El universo se mueve esencialmente a través de dos fuerzas antagónicas y complementarias. Una que se expande y otra que se contrae, una que baja y otra que sube, una que nace y otra que muere, una que construye y otra que destruye, una que ilumina y otra que oscurece, una que calienta y otra que enfría. El universo y la vida implican movimiento y transformación permanentes a partir de pares de opuestos complementarios.



En el mundo humano estas mismas leyes cósmicas rigen los destinos de los pueblos. Lo que es en el macrocosmos es en el microcosmos, lo que es arriba es abajo, lo que es adentro es afuera. Los seres humanos desde que dejamos el estado “animal-instintivo”, nos movemos entre dos fuerzas antagónicas y complementarias que nos han conducido a la “trascendencia existencial”, es decir, que hemos llegado a través de una larga evolución mental y espiritual a darle “significados” elevados a la razón de la existencia humana. Si no fuera así, no habría ninguna diferencia entre la vida de un animal y la de un ser humano, entre una manada y una civilización.



El ser humano se debate entre dos fuerzas que lo mueven en lo profundo durante su existencia. Las fuerzas de la tradición y las fuerzas de la innovación. La tradición significa todas aquellas cosas que se han heredado de los que nos antecedieron en la existencia. Conocimientos, sentimientos, actitudes, valores, principios, objetos, que en su conjunto nos permiten dar respuesta a los desafíos de la vida, tanto en el terreno material, como en el terreno espiritual. Tanto para poder sobrevivir en el mundo material, como para poder “trascenderlo” en el orden espiritual.



El ser humano desde el mismo momento de su concepción empieza a percibir un complejo mundo creado y heredado. En los primeros años de su vida, ese mundo, estará constituido fundamentalmente por la “herencia y la tradición”. Su primera etapa de la vida será sólo recibir y tomar de ese mundo prefabricado y hecho para su crecimiento y desarrollo.



Sin embargo, a partir de la adolescencia el ser humano sentirá la necesidad de “transformar” ese mundo, que desde su percepción” se visualiza “estático”. Cuando el individuo logra interactuar activamente en la vida, ya no con la “descripción” que le dieron del mundo durante su infancia, sino que a partir de su propia experiencia y conocimientos, él tratará de crear su propia “visión” del mundo. Esto responde a la otra fuerza vital que mueve a la humanidad, nos referimos a la “innovación”.



En efecto, así como el ser humano nace en el seno de un mundo de tradiciones, en su ser se expande la necesidad creciente de “innovar”, es decir, transformar ese mundo para dejar un pequeño aporte de su existencia. Esta necesidad es “vital” y es una manera profunda y ancestral de “trascender”. De dejar testimonio de su paso por esta existencia.



De esta manera la tradición y la innovación son dos fuerzas vitales que siendo opuestas se complementan para construir el desarrollo de las civilizaciones. La tradición es una fuerza que consolida, contrae, retiene, sistematiza la experiencia humana. La innovación es la fuerza que cambia, transforma, expande, desprende, crea y mejora.



De esta manera lo “tradicional” es lo que ha “funcionado”, lo que resuelve los problemas de orden material e inmaterial de la existencia. Por ser “eficaz y eficiente” lo usan sucesivamente la mayoría de los seres humanos, por usarlo de esta manera se convierte en una costumbre y a través del tiempo en una “tradición”. El elemento fundamental para que algún saber, sentimiento o valor se convierta en tradición, es que funcione para el bien de los individuos y de la comunidad, que sea efectivo para resolver un desafío o problema de la vida.



La necesidad de la “innovación” es consustancial al ser humano. Sin esa otra fuerza vital tal vez seguiría viviendo en las cavernas. La necesidad de “transformar el universo humano” es una necesidad “biófila” y la génesis de las culturas y las civilizaciones. De los muchos intentos de innovar que hace cada generación, son muy pocos los que logran “quedarse” o trascender a la tradición. Dado que para desplazar a “lo tradicional” se requiere aportar una novedad que mejore lo mantenido como funcional. La innovación perfecciona.



La diferencia entre “moda” e “innovación”, es que la primera pretende cambiar la tradición sin ningún aporte o beneficio real, sólo pretende cambiar por cambiar, y muchas veces los “cambios” son negativos en tanto a la solución de los problemas de la vida. La innovación en cambio, ofrece mejoras y eficiencias en la solución de los problemas.



El ser humano “nace” con una necesidad de “transformarse” interiormente. Esta necesidad ontológica es la raíz de su espiritualidad. Intuitivamente el ser humano sabe, intuye, siente, que la vida es la oportunidad de “mejorarse”, de “decantarse”, de “perfeccionarse” interiormente. La manifestación más burda de esa “meta-necesidad” es transformar o mejorar el mundo en el que él nació.



De esta manera los seres humanos, desde la invención de la agricultura y el inicio de las civilizaciones hace diez mil años, han ido construyendo el universo humano a partir de estas dos fuerzas opuestas y complementarias: la tradición y la innovación. Esta “construcción” se encuentra en los dos planos, tanto el material o físico, como el inmaterial o espiritual.



En los primeros 9800 años de la historia de las civilizaciones, los seres humanos de todo el planeta encontraron el sentido de la existencia en la trascendencia espiritual de la vida. La dimensión espiritual de la vida y su sentido divino, así como la búsqueda de la fuente de la creación, guiaron la existencia de los pueblos, los imperios, los reinos y las federaciones. Los seres humanos de todo el planeta, lograron crear una estructura social piramidal para lograr la búsqueda de Dios y la trascendencia espiritual de su existencia.



En efecto, la historia de la humanidad nos demuestra que la manera natural de los seres humanos para organizarse fue en estructuras sociales de forma piramidal. En todos los focos civilizadores sin ponerse de acuerdo, los seres humanos se han organizado de manera en que instintivamente o por razón de la experiencia han funcionado mejor las organizaciones sociales.



En el vértice superior de la pirámide se encuentra una minoría que ha sido rigurosamente formada para exaltar su NOBLEZA HUMANA y crear una elite dirigente que es designio y representación de la divinidad en la tierra . Le sigue una estructura religiosa que dirige al grupo humano por el sendero espiritual de la vida. La organización es defendida de enemigos externos e internos por un ejército y finalmente esta la base, inmensa masa de gente llamada pueblo, que no solamente mantiene físicamente la pirámide, sino que es la razón misma de la existencia de la organización.



Durante nueve mil ochocientos años aproximadamente este “ORDEN HUMANO DE ORGANIZACIÓN” dio los mejores frutos de la sabiduría humana. En efecto, si el objetivo fundamental de la existencia es trascenderla en el plano espiritual y el mundo material es sólo un medio para lograrlo. Entonces podremos afirmar con seguridad de que la sabiduría humana a través de su inteligencia logró producir los más importantes y valiosos conocimientos entre el año 1500 a.C. y 500 d.C. aproximadamente.



La ciencia y la tecnología que desarrolló la civilización occidental en los últimos 200 años. Como puede ser el microchip, los aviones, el rayo láser, la T.V., las micro ondas, puede hacer más cómoda o peligrosa la vida de los seres humanos, pero en muy poco puede ayudar a que éstos trasciendan espiritualmente su existencia, es decir, logren alcanzar la meta más importante de la existencia humana. Por el contrario, podríamos llegar a suponer, desde esta perspectiva, que la civilización occidental, que ha sido la dominante en los últimos 5 siglos, ha conducido a la humanidad a una nueva etapa de oscurantismo. Pues una ciencia sin sabiduría es la expresión más pura de la estupidez humana. El caótico mundo en el que vivimos nos confirma dramáticamente esta afirmación.



De esta manera la sabiduría humana de carácter espiritual que han producido las civilizaciones a través de sus filósofos, pensadores, artistas, maestros y avatares, representa la mayor riqueza humana y la herencia para construir un mejor destino. Mesopotamia, Egipto, China, India, la zona Andina y el Anáhuac (México y parte de Centro América), así como: Zoroastro, Akenatón, Krisna, Quetzalcóatl, Buda, Moisés, Confusio, Lao tse, Cristo, Mahoma, por citar tan sólo algunos de los muchos espíritus iluminados, que han marcado guías y senderos de crecimiento y desarrollo espiritual en el mundo.



De esta manera durante nueve mil ochocientos años los seres humanos de todo el planeta buscaron sobre todas las cosas la trascendencia espiritual de la existencia. A esto le llamaron de diferentes maneras, pero todos estos complejos caminos buscaban llegar a Dios. Entendiendo este concepto como la fuerza creadora del universo, el principio y el fin, la inconmensurable conciencia. Aquí coincidían todos los sabios, maestros e iluminados de la historia de la humanidad: la razón fundamental de la vida es tomar conciencia de las limitaciones y deficiencias de la condición humana, para posteriormente, con esa humanidad carente y defectuosa, buscar la virtud y la pureza en el yunque y la fragua cotidiana del mundo material.



Sólo así la sabiduría humana encuentra sentido al mundo material que le rodea. Sólo de esta manera la vida encuentra su expresión más elevada y todo ocupa el lugar que le corresponde. Así como las galaxias nacen, crecen y mueren en un orden cósmico perfecto. Así como los átomos crean partículas y éstas a su vez moléculas; así también los seres humanos, como parte minúscula pero fundamental de un todo perfecto, ocupamos un lugar y tenemos una función y una misión. La vida de cada ser humano y de cada pueblo tiene un lugar y una importancia para el planeta y para el universo.



La historia de las civilizaciones y la humanidad misma, ha ido en los primeros nueve mil ochocientos años de desarrollo humano, buscando la luz, la perfección o a Dios, cualquiera que sea la forma de nombrarlo y representarlo. La manera de lograrlo ha sido a partir de la organización piramidal como ya se ha mencionado. La sabiduría se enfocó a la construcción del conocimiento que facilitara diversos caminos que terminaban todos, en la búsqueda de la trascendencia de la existencia en el plano espiritual.



En medio de las fuerzas y las leyes cósmicas que afectan al universo, los pueblos se acercaban y se alejaban de esta búsqueda. En ocasiones casi la alcanzaban en otras se degradan y pierden el camino. En una permanente espiral evolutiva, con ascensos y descensos, los seres humanos, los pueblos y las civilizaciones han luchado entre las dos grandes fuerzas dialécticas del desarrollo humano, la tradición y la innovación. Preservar lo que ha funcionado a través del tiempo y buscar ideas que innoven lo aprehendido y heredado para hacerlo mejor y más eficiente. Tanto en el terreno material de sobre vivencia, como en el terreno espiritual de trascendencia.



Sin embargo, a partir de que los “adoradores del becerro de oro”, los mercaderes iniciaran la creación del NUEVO ORDEN MUNDIAL, entiéndase como la búsqueda de la realización plena de la vida de los seres humanos y los pueblos en el mundo material a través del “tener”, han ido luchando por destruir EL VIEJO ORDEN y tratando de que los seres humanos y los pueblos del mundo pierdan su memoria histórica y la dimensión espiritual de la vida a través de la enajenación, embrutecimiento y degradación espiritual. En efecto, los mercaderes desde que iniciaron la “globalización económica” con la invasión primero de América y después del mundo en 1492, han ido logrando que los individuos y los pueblos se encuentren entrampados en el mundo material y que no encuentren alternativas a su vocación existencial de trascender espiritualmente la vida. Aquí inicia el caos de valores que actualmente vive la humanidad.



En efecto, la destrucción del milenario orden mundial inicia con la fundación del primer país del mundo. Estados Unidos de Norteamérica es la “tierra prometida” de los adoradores del becerro de oro de todo el mundo . Después con el financiamiento de la sublevación del populacho y el asesinato de los reyes de Francia, irán cayendo todos los reyes, nobles y emperadores, no sólo de Europa, sino de todo el mundo que vivía en el “viejo orden”.



Crearán la democracia, instrumento para gobernar a nombre del pueblo por medio del poder del dinero. Iniciarán la destrucción de la familia a través de la enajenación del trabajo. Se acabará la familia como núcleo productivo y reproductivo con la Revolución Industrial. Se sacará al hombre de la casa con el trabajo asalariado, en las factorías y en las minas. En el siglo XX despoja a la mujer de la familia y la incorporan a la producción y al consumo, destruyéndose la sólida educación familiar milenaria.



Decretarán en el siglo XIX “la muerte de Dios” a través de sus filósofos y desacreditarán desvalorizando a la iglesia. La creencia de la existencia de Dios será sinónimo de ignorancia. Crearán una nueva religión con flamantes sacerdotes. De esta manera, la “ciencia y los científicos” ocuparan el espacio, poder y dirección que tenía la iglesia en la sociedad. La ciencia y la tecnología serán la guía y el medio para llegar a la felicidad humana que se encuentra en la riqueza, consumo y la comodidad de un presente material. La única forma de entender y sentir al mundo y la vida la proporcionará la ciencia. Lo que no es “científico” será primitivo, retrógrado y falso. La aspiración existencial del ser humano “moderno” estará dirigido por una visión “cientista” de la vida y el mundo.



Los adoradores del becerro de oro destruirán el viejo paradigma existencial de carácter espiritual y crearán uno nuevo. En este nuevo paradigma, la única vida que existe es la material y el único mundo es el inmediato. El mundo y la existencia espiritual se reducen a mitos y fantasías de los pueblos primitivos y tradicionales. No existe más Dios que el poder de compra que da el dinero. El placer y la comodidad implican el mayor logro de un ser humano que no cree en su potencial espiritual y en la posibilidad de trascender el plano material de la existencia.



El medio que usaron los mercaderes para iniciar estos terribles cambios en la humanidad, fue transgredir la milenaria y ancestral lucha dialéctica de tradición contra innovación, haciendo creer a los seres humanos que la tradición significaba atraso, y modernidad significaba progreso. Cambiaron la innovación por la modernidad. En efecto, el NUEVO ORDEN MUNDIAL nos presenta una lucha ANTAGÓNICA entre Tradición y Modernidad, en la que mutuamente los supuestos contrarios tratan de aniquilarse y se nos presentan como excluyentes.



El nuevo paradigma creado por los mercaderes dentro de su nuevo orden mundial, implica una falsa e inexistente dualidad. La modernidad conducirá a los individuos y a los pueblos a la felicidad. En efecto, los mercaderes excluirán a la innovación y en su lugar impondrán la modernidad. Los pueblos serán presionados para entrar en la dinámica de que: “para poder ser “moderno”, se necesita acabar con lo tradicional. Entendiendo por “ser moderno” aceptar ciega, sumisa y acríticamente los valores y principios de una sociedad materialista, en la que el dinero, el poder adquisitivo y el uso de las nuevas tecnologías, conducen a la felicidad.



La modernidad entrará en una lucha frontal contra la tradición. De esta manera los poderosos medios masivos que pertenecen a los mercaderes, la iniciativa privada y la libre empresa, así como los gobiernos que están al servicio de los intereses de los mercaderes, mantendrán una cruzada de carácter fundamentalista en contra de las tradiciones, fiestas, usos, costumbres, valores, principios y actitudes y sentimientos, que por milenios habían conformado las relaciones y aspiraciones existenciales de los seres humanos y de los pueblos.



La “modernidad” usará a la “moda” como el elemento para ir desmantelando “El Viejo Orden Mundial”. La modernidad y la moda, no sólo serán movidos por un interés económico, sino fundamentalmente por el interés de dejar indefensos a los seres humanos en el “Nuevo Orden Mundial”, en el que las instituciones supra nacionales de carácter político y económico impondrán una nueva visión de la vida y el mundo.




En esta nueva “visión del mundo” están excluidos los valores espirituales, religiosos, éticos, morales, críticos y humanistas. El dinero, el Mercado, el consumo, la tecnología, la comodidad, el individualismo, serán los “nuevos valores” y la felicidad humana una quimera. El futuro de la humanidad esta en su pasado. Se requiere “REPENSAR LA HISTORIA HUMANA”, para re-encontrar el camino perdido y liberar a la humanidad del yugo ideológico de “los adoradores del becerro de oro”. Los mercaderes son muy frágiles ante la conciencia humana.