sábado, 17 de agosto de 2013

NUESTRA REFORMA PETROLERA (Artículo del Mtro Garaíz)



Esteban Garaiz

2013-08-13 • ACENTOS

Es evidente que Pemex anda mal. Le duele la cabeza. La solución no es cortarle la cabeza. Su dolor de cabeza es la Secretaría de Hacienda. Desde 1979 no puede cumplir una de sus funciones centrales, que es producir la gasolina que necesitamos.

Los gasolinazos están desequilibrando el ya exhausto mercado nacional. Además, aunque no lo quiera reconocer el Banco de México, el aumento sistemático y continuado del combustible es el factor central de la preocupante inflación; y no de las mejoras salariales (como nos quieren espantar las cúpulas empresariales e incluso las autoridades hacendarias que saben que mienten, a pesar de todos los ejemplos internacionales).

Pemex no puede construir las refinerías que necesita nuestra autonomía económica, sencillamente porque Hacienda la deja exhausta, sin recursos para reinvertir como cualquier empresa sana.

Nadie puede negar que el mundo va gradualmente hacia una economía global. Pero la globalidad económica sana debe ser como una federación, y no como un imperio impuesto por conquista. Los estados federados deben incorporarse a partir de su propia fortaleza interna. Por lo que toca a nuestra patria, camino de la globalidad, su autonomía energética hoy no está garantizada a pesar de contar con recursos energéticos suficientes, aunque no está claro que los tengamos sobrantes.

Si hoy exportamos en crudo la mitad de los dos millones y medio de barriles que Pemex extrae diariamente (a un costo de producción privilegiado por barril), los planeadores de nuestro desarrollo económico (if any) deberían estar previendo el volumen de crudo que hace falta garantizar internamente para materia prima de los combustibles que necesitamos para mantener en movimiento nuestro parque vehicular; además de proyectar a corto y mediano plazo.

Esa debe ser la línea estratégica y no la exportación sin medir consecuencias. Mucho menos establecer compromisos para garantizar seguridad energética de otros. Así es como debemos entrar a la globalidad. Con las precauciones necesarias. Eso dice el sentido común. Que coincide con nuestras “ataduras ideologicas”.

Además, no debemos olvidar que los hidrocarburos son la materia prima de muchos otros productos fundamentales en nuestras cadenas productivas. Como es el caso de los fertilizantes que antes exportábamos, entre 1960 y 1990, y ahora tenemos que importar carísimos vergonzosamente.


Lo que es una de las causas centrales del desmantelamiento del campo mexicano: también importamos alimentos básicos en cantidades peligrosas mientras todas las economías sólidas del mundo subsidian su producción agrícola para garantizarse su seguridad alimentaria. Aquí también se indignan las ataduras ideológicas de más de 15 millones de ciudadanos mexicanos.

Durante su época de esplendor, 1970 – 1990 Fertimex, eficaz empresa pública (que llegó a tener 120 por ciento de productividad al trabajar 360 días del año por el método de “mantenimiento predictivo”) produjo fertilizantes a costos notoriamente económicos con la materia prima proporcionada por Pemex.

Una parte de su producción la exportaba a precios internacionales, con muy jugosas ganancias, que le permitían sostener su crecimiento empresarial. La otra servía para vender insumo subsidiado a los agricultores nacionales, principalmente de granos. Esos sí que eran apoyos racionales y eficaces para el campo mexicano; y no la desparramadera clientelista de ahora.

Para 1982 FERTIMEX contaba con 64 plantas productoras de fertilizantes, que son los insumos básicos que mayor impacto tienen en la productividad agrícola. Producía 4 millones y medio de toneladas.

En 1992 el gobierno mexicano concluyó la privatización; y en 1994 alineó los precios del gas natural según el índice del Corredor de Houston de los Estados Unidos, precisamente cuando ése era el precio más alto del mundo, o sea 88 por ciento más caro que el de el Mar Negro. Hoy la importación de fertilizantes caros ha causado una caída de los rendimientos agrícolas y el abandono de los pequeños productores; y la fuga azarosa de muchos brazos útiles y arriesgados. Pemex sigue lejos de SAGARPA y cerca de la Sría. de Hacienda.


En suma, nuestra Reforma petrolera se reduce a 5 puntos:

1) Hay que liberar a Pemex de la esclavitud de Hacienda y cobrarle lo mismo que pagan las empresas mexicanas (o las petroleras en cualquier parte del mundo); en todo caso un tope máximo de 35 o 40 por ciento sobre utilidad bruta.

2) Eso le permitirá reinvertir para reponer reservas probadas, investigar como lo hacía el Instituto Mexicano del Petróleo y construir en el sexenio las 5 refinerías que le hacen falta.

3) Dado que Pemex lleva 30 años aportando el 40 por ciento del Presupuesto Federal, urge una auténtica reforma fiscal verdaderamente progresiva, que cobre las grandes utilidades y no aumente el IVA castigando aun más los exhaustos ingresos familiares.

4) Reducir las exportaciones a solamente los sobrantes de la producción para atender la industrialización interna.

5) No andar financiando los altísimos costos de las tecnologías iniciales para extraer con empresas extranjeras el shale mientras aprenden a nuestras costillas.

www.estebangaraiz.org