domingo, 23 de junio de 2013

DE RELIGION, AGNOSTICISMO Y DIÁLOGO



Re Ligare, Espíritu y Bien Común 

"Ante un inquisidor, seré pagano, ante un emperador pagano, seré cristiano, ante un ateo furibundo, seré un monje budista, ante un sionista, seré un musulman, ante un taliban furibundo, seré un creyente.... Porque la especie humana muere en cada persona que es asesinada o perseguida por su creencia o su duda ante la creencia. Y mientras exista un solo creyente fanático, sea en sus Dioses o en sus "anti-Dioses" existirá la ignorancia y la Humanidad tendrá un lastre para evolucionar" (Cita anónima).



     Me han solicitado que escriba sobre la Religión, la Espiritualidad y el Diálogo entre los creyentes de diferentes religiones e incluso los ateos.

Empecemos por definir el Hecho Religioso.

Awen. Cultura Druídica-Celta

De entre las múltiples definiciones, algunas van cargadas hacia una creencia definida o en otro extremo, con un tono demasiado superficial otras atacan el Hecho Religioso con más pasión que análisis.

Leamos a Mircea Eliade, destacado antropólogo y mitólogo:


“Hay un homo religiosus que en la multiplicidad de formas religiosas busca una misma y primordial relación con lo sagrado. Y es más, esta relación manifiesta en parte lo más humano del hombre. La historia de las religiones se convierte así en una fenomenología de la experiencia religiosa y una hermenéutica de las formas en las que se vive dicha experiencia. Las distintas religiones en las distintas épocas de la historia son distintas posibilidades de una misma experiencia de pensamiento.


Lo religioso existe porque hay una estructura de la conciencia humana basada en la relación con lo sagrado. No se trata de un estadio más de la humanidad, sino de un constituyente de la conciencia humana”


Entendemos así que lo Religioso es el Mito, el Rito y el Símbolo de una realidad trascendente, dentro del espíritu humano, su conciencia. Por lo tanto, el Hecho Religioso hace su aporte a la Cultura Humana construyendo explicaciones, principios éticos, referentes para entender las relaciones del Ser Humano con su entorno y con su propio devenir.

De ahí que hayan sido sacerdotes, curanderas y magos los primeros hombres y mujeres que buscaron sentido a los astros, las plantas que curan, el parto y su Misterio, la dirección de los vientos, la observación de los fenómenos,el arte, la ética y la conducta del Soberano, de la Tribu, etc….





 En la primer revolución humana, la del neolítico, cuando el ser humano empezó a hacer la primer herramienta, empezó a ceder la Diosa Madre, presente hasta entonces, al ser la dueña y rectora de las cosechas, la caza, la salud, el parto, la tierra…



Surgen los Dioses propios de la Civilización (Ciudad en oposición a Campo) y surgen los Guerreros, los Dioses autónomos de la Diosa. 

La aparición del monoteísmo con Akhenatón significó un enfoque diferente a la explicación de Dioses y Diosas que hasta entonces era la dominante en prácticamente toda la especie humana.


En Moisés y los Hebreos, el Dios Patriarcal se expresa con mayor claridad, aunque no carece de atributos maternos. (“El nos cuida bajo su ala, como el ave a los polluelos”).


Muchos siglos más tarde, con Jesus, la religión se vuelve universal, ya no es propia de cada tribu o de determinado imperio. 

Incluso, con el Cristianismo, surge la primera división formal entre Estado y Sacerdocio. Aunque con el tiempo, vuelven a fusionarse.


Es en el Renacimiento, cuando sucede otro divorcio: el Conocimiento y Lo Sagrado.


En nuestros días, hay una serie de argumentos poco sensatos respecto al rol de las religiones y el cristianismo en concreto respecto al Conocimiento.



Se pretende oponer la Razón a la Religion. Cuando la religión jamás pretendió hacerlo. No podría ser, pues la razón es sólo un aspecto de la mente humana. Acudimos entonces a la Conciencia y aquí nos topamos con la descripción de Mircea Eliade: El Mito, el Simbolo y el Rito son lo que supone lo Sagrado. 

Más allá de un simple razonamiento basado en la lógica individual. Dicho en otra forma: Si no se entiende el Mito, el Símbolo y el Rito, entonces es inútil pretender usar razonamientos basados en apariencias.



Tomemos un ejemplo: ejércitos de ateos acostumbran tomar el episodio de Dios pidiéndole a Abraham que le sacrifique a su propio hijo, como un ejemplo de lo malvado de los creyentes, asesinos en potencia. Algunos creyentes, siguiendo el mismo razonamiento que los ateos, leen y razonan que al ser el libro sagrado, tienen que seguir al pie de la letra. Llegando al extremo de justificar "Dios es el dueño de la vida, por lo tanto puede matar si quiere".


Abraham y el Sacrificio de Isaac. Cuadro de Lucas Roldan. 

Ateos dogmáticos y creyentes integristas leen lo mismo y lo leen igual. 

Sin embargo, quien acude al Mito, sabrá leer que Abraham era un babilonio de Ur acostumbrado a ver al esclavismo y el sacrificio de animales en los rituales y en casos extremos, incluso los prisioneros de guerra. 


El Dios que llama a Abraham lo rebautiza (hasta ahí, se llamaba Abram). Y le indica que ya no es necesario el sacrificio de Sangre nunca más. 

En la terapia, esto se lee también como la muerte del hijo – infante y el paso a la edad adulta. La sanación de la conducta victimizada y el resurgimiento como un Ser Maduro. 

Hechos semejantes los encontramos en otras Espiritualidades como Quetzalcoatl que detiene los sacrificios humanos y elabora rituales de frutas y mariposas. Incluso figurillas de papel con rasgos humanos. 

¿A donde vamos?

¿Todas las religiones son lo mismo? ¿Existe una Verdadera y hay que combatir todas las demás?

Si pretendemos responder con el razonamiento nada más, terminaremos en un punto muerto; pues si todas las religiones fueran lo mismo, entonces…. No habría tal variedad. Pero a la vez, nos damos cuenta que las Religiones Tradicionales suelen compartir Mitos, Signos-Simbolos y hasta Ritos.

¿Una verdadera? Preguntemos primero que es Verdad.

Acudiendo a los Sufies: “Dios es la Verdad”. Correcto… Pero entonces, Dios es la Verdad y una Religión puede aspirar a conducir al Divino, pero no sustituirle. Eso significa que hay que recorrer el camino para darse cuenta si es el que efectivamente lleva al Encuentro.


Ciertamente el rol del Sacerdocio es el que puede salir cuestionado: ¿Tiene sentido el Sacerdocio? ¿Tomando en cuenta que el Camino solo lo puede recorrer el que quiere conocerle?


El Sacerdocio nunca fue un intermediario entre el Divino y lo Humano. Fue un depositario, un guardián, un dedicado. 


La Triple Diosa



Así, el Sacerdocio (Chamán, Druida, Maga, ) pretendía recorrer ANTES que los otros ese camino: plantas alucinógenas, ayunos, danzas, experiencias de trance, etc…

Incluso en el Cristianismo así fue. El Sacerdote no pretendía ser el “intermediario” si no el enviado a anunciar. El que llevaba la Noticia, sanaba, enseñaba y ejercía de Dedicado a la Comunidad.

Tomando todo esto en cuenta…. Vamos a resumir:

a) Las Religiones son necesarias. Siguen formando parte de la Conciencia Humana y siguen proveyendo de referentes éticos, mitológicos, simbólicos…

b) La Religión no es ni puede ser un discurso o ideología (conjunto de razonamientos). Es una experiencia vital, muy íntima. Por lo tanto, no se puede impedir, prohibir, ni tampoco imponer. Son caminos que se proponen. A lo más, el Testimonio (Simbolo) puede orientar a otros.


c) El Sacerdocio, aún cayendo en errores y desviaciones muchas veces escandalosas, es un rol necesario. Pero es semejante al Rol del Soberano. No puede prescindirse de lo que significa ( El Dedicado, el vanguardista, el que Camina delante… en el caso del Sacerdote) (En el caso del Soberano, es el que intermedia, concilia, protege). En todo caso, los casos particulares (aun siendo frecuentes), son desviaciones del Sacerdocio. No su Negación.

d) ¿Hay una Religión Verdadera? El Camino es personal. A lo más, puede ser un Camino compartido por otros más. Pero es un camino que pretende desentrañar Misterios, Simbolos. Y acude al Rito como un conjunto de signos que permitan ahondar y encontrarse con la Divinidad. Recórrase el Camino pues, para decidir si realmente fue la ruta acertada en la Busqueda de la Divinidad. A muchos fieles les provoca temor o disgusto ver que su Fe (Fé significa Fidelidad a su Tradición) sea mezclada con elementos de otras. 

Anunciación de María

Ese es el punto más difícil en el Diálogo entre creyentes. Creen que el Diálogo es “compartir creencias”. Nada más errado. Es más: para que haya Diálogo tiene que existir una profunda experiencia de lo Sagrado. Pues solo quien ha recorrido el Camino puede compartir lo experimentado.

Aunque ciertamente, al místico le queda claro lo que al legislador le confunde.


e) ¿De que se trata el Diálogo Inter Religioso? Se trata exclusivamente de impedir que alguien use pretextos seudo religiosos o anti religiosos para violentar a otros grupos humanos. Casi siempre ocultando otras razones reales (Petróleo y materias primas, odios y resentimientos étnicos, por espacio vital, simples venganzas). El Diálogo propone poner sobre la mesa (símbolo de nuevo) lo que existe en lo más profundo del Hombre y la Mujer: la sensibilidad, la ética, la constancia en descubrir, la apertura al Misterio. Es decir, lo que verdaderamente hace al Hecho Religioso. No es intercambiar creencias, rezos y ritos. Es encontrarse como seres humanos que apuntan a caminar.


f) En éstos sentidos, muchos organismos y grupos sociales han incentivado el Diálogo Religioso. Equivocadamente algunos hablan de promover el pluralismo religioso. No. Claro que no. Es Diálogo. Pues la aparición de nuevas religiones o la preponderancia de una son otro asunto. Aun así, ya debería ser obvio que ni siquiera en la Iglesia Católica hay unanimidad de opiniones. La Pluralidad es un hecho que se da por sí mismo. El Diálogo es un acto de Conciencia y Voluntad.


g) Es necesario Fomentar el Dialogo. El Movimiento Nacional Sinarquista ha creado un equipo de Trabajo para impulsar éste. Comenzando por sus propios grupos, desarrollará actividades y orientaciones que conduzcan a un trabajo por el Bien Común sumando lo que aporte cada quien. De su propia vivencia espiritual.


En resumen, wiccanos, católicos, paganos, evangélicos, agnósticos etc… no son “lo mismo”. Son rutas, caminos diversos. Pero muy intimos. Aún cuando hay experiencias comunes y hasta compartidas, como es el caso de Festivales, algunos rituales y simbolos (como la Navidad).

Pero precisamente es en el Dialogo donde la pluralidad pasa de ser “amenaza” a ser un escenario mucho más alentador, más lleno de significados.


Como diría Carlo Carreto: “El miedo es señal de que no te dejas guiar por el Espíritu”.


Bienvenido el Espíritu, pues y que efectivamente, nunca sea el miedo quien nos oriente (el Miedo es padre del resentimiento y éste, del odio).




  
La Danza Cósmica. Pintura Sufí


ANEXO 1




TEXTO DE MIRCEA ELIADE


Influido por C.G. Jung y su idea de los arquetipos, identifica lo religioso como un constituyente de la conciencia humana, buscando entre lo inconsciente elementos trascendentes. Los fenómenos religiosos serían expresiones de unas experiencias religiosas fundamentales.
Para él, la Historia de la Religión debe ser una disciplina global. Sobre la base de los documentos aportados por los especialistas hay que aplicar el aparato conceptual histórico y crítico. Así se situaría en el marco histórico cada fenómeno religioso como una forma determinada de hierofanía. Después vendría el momento fenomenológico, en el que se intentaría descifrar el sentido profundo de cada hierofanía sobre la base de una comprensión autónoma (no evolucionista ni reduccionista) de cada forma religiosa, por primitiva que sea. En la hierofanía, lo sagrado se hace patente, el comportamiento del hombre religioso es el punto de encuentro con lo sagrado. En un tercer momento hay que situar el significado de ese fenómeno religioso entre otros fenómenos del espíritu humano para hallar su verdadero mensaje transhistórico: es la tarea hermeneútica.
Habría dos vías hermeneúticas. Por un lado lo que significa para el homo religiosus que vive la experiencia hierofánica. En este nivel, el símbolo, el mito y el rito son elementos constitutivos de la vivencia espiritual del hombre arcaico. Por otra parte tenemos el mensaje que el homo religiosus transmite al hombre moderno. De este modo se logra el fruto de la aportación de lo religioso a la cultura y a la construcción de un nuevo humanismo para el hombre moderno y sus demandas espirituales. El fin último de esta hermeneútica sería la unidad  espiritual de la humanidad sobre la base de la experiencia de lo sagrado vivida por el homo religiosus. El método que servirá a esta hermeneútica es el comparativo genético de G. Dumézil.
Así pues, vemos en la obra de Mircea Eliade una triple dimensión para abordar una misma realidad: el hecho religioso. Los tres enfoques, solidarios entre sí, son el histórico, el fenomenológico y el hermeneútico. Y su desarrollo se hace en torno a dos ejes: lo sagrado y el símbolo. La Historia de las Religiones tiene por tarea pues, el descubrimiento y comprensión del comportamiento del homo religiosus, como expresión de su experiencia de la dimensión sacral de la existencia. La realización de esta tarea mostrará que el hecho religioso es un fenómenos universal que funda una estructura de lo real, revela la existencia de lo sobrenatural y resulta normativo para la conducta del hombre.
2. La experiencia de lo sagrado en Mircea Eliade .

Desde un estudio pormenorizado de las religiones a lo largo de la historia, Mircea Eliade avanza en la comprensión del aspecto universal de lo religioso, por cuanto halla en él una manifestación de la unidad de la conciencia humana. Hay un homo religiosus que en la multiplicidad de formas religiosas busca una misma y primordial relación con lo sagrado. Y es más, esta relación manifiesta en parte lo más humano del hombre. La historia de las religiones se convierte así en una fenomenología de la experiencia religiosa y una hermeneútica de las formas en las que se vive dicha experiencia. Las distintas religiones en las distintas épocas de la historia son distintas posibilidades de una misma experiencia de pensamiento.
Lo religioso existe porque hay una estructura de la conciencia humana basada en la relación con lo sagrado. No se trata de un estadio más de la humanidad, sino de un constituyente de la conciencia humana. Explicar desde fuera tal experiencia se presenta como tarea imposible, pues no podría dar cuenta de su verdadera razón de ser. La comprensión de lo religioso implica la aceptación de su propia significación: lo sagrado es la dimensión humana -en cuanto experiencia subjetiva y en cuanto relidad objetiva que motiva esa experiencia- de inserción en una totalidad que permite al hombre tomar conciencia de que es tal hombre.

El hombre se halla enfrentado a una situación límite que le configura: la historia, el devenir, la fugacidad  temporal. Ante esa experiencia límite (limitadora y situadora) el hombre se capta como algo efímero y se ve empuja a salir de esa finitud, superar esa condición histórica. El pensamiento socorre al hombre en su huida hacia delante. Pero el pensamiento religioso da un paso más y afirma al hombre en la existencia por su relación con la realidad de lo sagrado. A través de los procesos de iniciación: mito y rito, el hombre es comprende a sí mismo  y su situación en el mundo, sobre la seguridad de que es lo sagrado lo que sostiene toda la realidad.
La sacralidad es fuente de lo real, sustrae al hombre y al mundo de un devenir incierto y afirma la existencia sobre un cimiento de realidad que llena de significado toda la experiencia humana. Por eso lo sagrado es ante todo poder (Van der Leew), fuerza que no sólo subsiste como algo diferente, totalmente otro (Rudolf Otto), sino que da consistencia a todo lo demás. Lo que no es sagrado es profano, inconsistente por sí mismo, fenoménico frente a la esencialidad última de lo sagrado. Esta ruptura ontológica entre lo sagrado y lo profano es vivida en las iniciaciones como paso al nivel de lo verdaderamente real.

La historia de las religiones estudia las manifestaciones de lo sagrado, las hierofanías, cuya comprensión es vía de comprensión de todo el fenómeno religioso. Hay una dialéctica por la que lo sagrado se manifiesta siempre a través de  lo profano, arrancando una parcela de la realidad profana y transformándola sin por ello reducirse a ella. Lo sagrado se muestra en la hierofanía, en la realidad que hace de sino suyo, como presencia significada. Espacios y tiempos sagrados apuntan al centro de todo y al tiempo fundante, ambos esenciales frente a todo lo que no es esencial. Mitos y ritos permiten pasar de nuestra realidad al punto focal de toda realidad.

Es el pensamiento simbólico el que permite interpretar el significado de las formas religiosas, de los mitos y los ritos. Pero para ello es necesaria una hermeneútica propia basada en pasar de la explicación -traducción de un fenómenos aun lenguaje común- a la comprensión o captar lo que la cosa es desde ella misma. El símbolo no es un concepto ni una forma de especulación, sino que permite captar directamente el misterio consistente en que las cosas, tienen un comienzo que nos sugiere lo que las precede, algo que concierne de forma fundamental a la existencia humana. El símbolo se dirige pues a la existencia para hacerle reconocer un sentido que sólo ella puede vivir en solidaridad con el cosmos, por eso tiene el símbolo una dimensión religiosa y por eso la experiencia religiosa se expresa y comprende simbólicamente.

Como expresión privilegiada del pensamiento simbólico tenemos el mito, cuyas palabras se enraízan en el misterio y facilitan la irrupción de lo divino en el mundo. Las historias que cuentan los mitos relacionan al hombre con lo absoluto y lo sitúan y fundamentan en la existencia, precisamente por su relación con lo absoluto. Los momentos y gestos que trasmiten los mitos (especialmente el momento del origen) son paradigmas, modelos que traspasan la historia.
Así las cosas, la historia de las religiones no se puede quedar en contar las variedades de las formas religiosas, sino que ha de ser exploración de la experiencia religiosa del hombre, contribuyendo al conocimiento de las profundidades de la humanidad, donde lo religioso está presente como primera estructura del existir humano en el mundo. Por esa línea, el estudio de las religiones ayuda a comprender qué somos, y en ese sentido forma parte de la empresa necesaria de fundar un nuevo humanismo, basado en parte en el reencuentro con la dimensión de lo sagrado.

En historia de las religiones, “toda” manifestación de lo sagrado es importante. Todo rito, todo mito, toda creencia o figura de divinidad refleja la experiencia de lo sagrado, y por ello mismo implica nociones de “ser”, de “significación” y de “verdad”. Como ya dije en otra ocasión, >{La nostalgie des Origines, 1969}. En una palabra, lo “sagrado” es un elemento de la estructura de la conciencia. En los niveles más arcaicos de la cultura, “el vivir del ser humano” es ya de por sí un “acto religioso”, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de otro modo: ser -o más bien hacerse- “hombre” significa ser “religioso”


{Historia de las creencias y de las ideas religiosas, vol.I, Prefacio, p.15}.